Start me up!

Sus Satánicas Majestades, cincuenta años después y tras el plantón de 2006, llevaron al clímax a miles de personas en el Estadi Olímpic de Montjuic.
Fue un espectáculo de sonido, luces, vestuario y baile impresionante en el que se congregaron desde familias enteras con niños pequeños, rockeros antiguos y modernos, hasta señores entrajados: gente de todo tipo y condición unida por el mejor rock. (No resulta fácil que algo, -sea lo que sea - , reuna a abuelos, padres y nietos).
Mick Jagger se dejó la piel en el escenario. No paró un solo momento de correr y bailar al compás de su espasmódico y amanerado ritmo. Con su movimiento de brazos como astas de molino y su gabardina larga era una mezcla entre El Principito y una suerte de gigante cervantino. Mito al fin para los que allí estábamos, rezumaba atractivo y fuerza a sus setenta años.
Keith Richards, como venido de ultratumba, se avalanzaba agorilado dando vida a su instrumento. Se conmovió ante la ovación que le brindó el público barcelonés, que parecía haberle perdonado, y hasta cantó un blues con la voz más desgarrada y personal que haya oído nunca.
Ron Wood y Charlie Watts se mantuvieron en un segundo plano, pero haciendo vibrar la batería y el bajo de qué manera.
Para quitarse el sombrero, de verdad


yur dijo
préstame por la vida que hayas disfrutado tanto, tanto. Ojalá hubiese ido con vos...
26 Junio 2007 | 07:34 PM