El ángel se ha roto la cadera
Ay Catalina qué susto llevamos...En los primeros momentos la cosa apuntaba muy mal y hubo hasta despedidas, pero la misma naturaleza que te ha llevado a cumplir 96 años te sigue empujando contra viento y marea hacia la vida.
Con un pie en el futuro, como diría uno de sus ángeles descendientes. Porque Catalina tiene eso: a lo largo de su vida ha ido sembrando la tierra de pequeños ángeles que a su vez han germinado en otros. De cuerpo o alma todos presentes en éstos días de hospital en torno a su lecho, del cual la levantan con una grúa y ella se lo toma a risa. Dice:
"me cogen de cualquier manera y pim, pam, pim, pam pacá y pallá y no miran si tienes las tetas blancas o las tienes negras"
Dulce, suave, presumida (lo primero que dijo cuando despertó de la anestesia es que quería ir a la peluquería ) la encuentras en su camita y te recibe con una sonrisa que huele a colonia. Luego te explica historias antiguas de los Maldonado y los Sevil y si te quedas a sola con ella te hace confidencias de mujer a mujer.
A su lado tiene permanentemente a uno de sus ángeles descendientes: una mujer que la cuida y está pendiente de todo en todo momento, a pesar de que ella también tiene su historia, sus problemas, sus hijos, sus temores, su casa muy lejos, su trankimazín y su propia fragilidad. Ha aplazado todo para estar junto a su madre.
Son días que se prestan a las confidencias, a la intimidad, al conocimiento más profundo de los que te rodean. O al conocimiento sin más: el día que operaron al ángel acudió la mujer de mi chico al hospital y allí que nos estampamos las dos un par de besos como cuchillas de afeitar.


miope dijo
Amiga, en qué situaciones se tiene una que ver! Dos besos como dos personas civilizadas, sin tirarse del moño, sin arañarse ni ná, increible!
3 Octubre 2008 | 04:50 PM