La fruta prohibida
Algún día se enterarían de quién era el que movía el espejito, si es que lo movía alguien, porque también podría ser el reflejo caprichoso de algún cristal roto, o del retrovisor de un coche ¡La cuestión es que no había día que estuvieran tranquilos! Entre los arañazos de las zarzas, los insectos, la prisa, que si nos pillan nos matan…sólo faltaba el baile de la lucecita en su cogote…¡Si es que así no hay manera!... “mas arriba, Jose, espera, que me caigo,… espera, espera… ¡ya! ¡ya!
Éste si que es bueno: el mejor higo del verano.

